La ciencia de la salud

 

 

Hoy día, los médicos son capaces de salvar el 90 % de los pacientes que llegan a urgencias con un infarto, pero no son capaces de evitar que los tengan. El presente artículo no prohíbe nada, sino que presenta los últimos datos científicos sobre como prevenir enfermedades cardiovasculares y retrasar el deterioramiento propio de la edad.

 

 

1. Nunca es demasiado tarde para empezar a portarse bien.

 

Para prevenir enfermedades cardiovasculares, diabetes y cánceres, podemos dar 4 consejos: vigile la dieta, practique actividad física (por ejemplo caminar a paso rápido 30 minutos 4 veces por semana), no fume y vaya al médico cuando sea necesario.

 

 

2. Nunca no es demasiado pronto: la prevención comienza en la infancia.

 

Entre los 6 y los 10 años aproximadamente hay una oportunidad única para educar a los niños, inculcándoles costumbres saludables (como comer fruta cada día y aprender a apagar la televisión), hablando con ellos y predicando con el ejemplo (“haz lo que yo hago” en lugar de “haz lo que te digo”). Cuanto más tiempo pasa un niño ante el televisor, el ordenador o la pantalla de juegos, más grande es el riesgo de que sea obeso. Muchos niños de peso normal desarrollan después obesidad; a los niños no se les debe presionar para que se acaben todo lo que tienen en el plato si no tienen más hambre; la desnutrición infantil prácticamente ha desaparecido en España. Es erróneo que los niños tomen mucha carne y lácteos porque están en edad de crecer; los adultos también tienen el cuerpo en construcción permanente. La dieta ideal para niños y adolescentes se basa en frutas, vegetales, cereales preferentemente integrales, legumbres, pescado, carne magra, pollo sin piel y lácteos desnatados; no se aconseja limitar el consumo de aceite de oliva, frutos secos ni pescado. No se deben prohibir los refrescos de cola, la pastelería industrial, el pastel de los domingos ni las golosinas de fiesta de aniversario; sería contraproducente, porque los niños desearían tomar aún más lo prohibido; pero es absurdo que se alimenten diariamente de dónuts o bolsas de patatas; conviene hacer las comidas con ellos.

 

Los niños y los adolescentes conviene que practiquen 30 minutos cada día de ejercicio físico moderado y divertido, y 30 minutos de actividad física intensa 3 veces por semana; que sea una diversión, no una competición. Si ganar un partido es la principal motivación para hacer deporte, se lo abandona al perder o al hacerse mayor.  Si el padre y la madre trabajan, queda limitada su capacidad de facilitar las actividades físicas de sus hijos. Si a un niño no el atrae ningún deporte en especial, lo mejor es dejarle probar actividades físicas diferentes.

 

Cuantas más horas pasan los niños y los adolescentes mirando la televisión, más probabilidades tienen de desarrollar sobrepeso, porque comen mientras tanto o porque ven anuncios de alimentos hipercalóricos que después toman. Es preferible que jueguen, lean, estén con los amigos o hagan los deberes. Mirar la televisión sin la supervisión de los adultos (los cuales pueden iniciar conversaciones sobre sexualidad, drogas, violencia o sobre lo que está bien o mal) les hace aceptar la violencia para resolver problemas, como hacen a veces los buenos de las películas. Hay que evitar que tengan televisor en sus habitaciones.

 

Para que los jóvenes fumen, lo que más influye es la presión de los compañeros. Es lo mismo que pasa con el alcohol, las drogas o las relaciones sexuales cuando no son deseadas: lo que es fácil es ceder a la presión de la pandilla, pero la persona fuerte es la que sabe decir no.

 

 

3. Revisiones médicas.

 

Lo mejor es hacerse periódicamente las pruebas siguientes.

 

La primera prueba es pesarse semanalmente, preferentemente por la mañana al levantarse y desnudo. Sólo conviene hacerlo diariamente a los que toman diuréticos. Para saber si un adulto (no un adolescente) tiene un peso adecuado, se emplea el índice de masa corporal que se calcula dividiendo el peso en kilogramos por el cuadrado de la altura en metros. Por ejemplo, un adulto que pese 70 kilogramos y meda 1,70 metros, tiene un índice de masa corporal de 70 dividido por 2,89 (es decir 1,70 por 1,70) que da 24,2 que es bueno. Un índice inferior a 18,5 indica peso demasiado abajo; entre 25 y 30 indica sobrepeso; superior a 30 indica obesidad. Este índice no es una medida perfecta porque no discrimina entre hombres y mujeres, ni refleja cuál porcentaje del peso de una persona es grasa, ni tiene en cuenta que la grasa abdominal es más perjudicial que el de los muslos, ni si una persona es más o menos corpulenta. Hay que hacer la prueba desde los 20 años de edad a cada visita al médico de cabecera.

 

La segunda prueba es la presión arterial. Una presión demasiado baja puede hacer que no llegué suficiente sangre al cerebro y la persona se maree o se desmaye. Una presión demasiado alta, que es más frecuente y más grave, puede lesionar las arterias, el corazón, los riñones y los ojos. La presión máxima debe ser inferior a 12 centímetros de columna de mercurio y la presión mínima debe ser inferior a 8. Superar estos valores alguna vez no tiene por qué ser grave. Si después de tomársela varias veces, se superan los 12 de máxima o los 8 de mínima, conviene ir al médico; si se superan los 14 de máxima o los 9 de mínima, hay que ir lo más pronto posible. Se debe hacer la prueba desde los 20 años de edad a cada visita al médico de cabecera (o por lo menos cada 2 años).

 

La tercera prueba es el análisis de colesterol (y triglicéridos) en la sangre. Conviene tener un máximo de 100 miligramos por decilitro de sangre para el colesterol LDL (aunque 130 es aceptable en personas sanas), un mínimo de 50 para el colesterol HDL y un máximo de 200 para el colesterol total, aunque hace 5 años se aceptaba un máximo de 240 para el colesterol total. Se debe hacer la prueba desde los 20 años de edad cada 5 años si los resultados son buenos.

 

La cuarta prueba es el análisis de glucosa en la sangre. Conviene no sobrepasar 110 miligramos por decilitro de sangre. Se debe hacer la prueba desde los 45 años de edad cada 3 años.

 

La quinta prueba es una colonoscopia desde los 50 años de edad. Pero ya que la prueba es desagradable, no se indica la frecuencia.

 

La sexta prueba para las mujeres de 20 a 40 años de edad es un examen de las mamas cada 3 años. Para las mujeres de más de 40 años, un examen de las mamas anual y una mamografía anual. Para las mujeres de 20 a 30 años de edad sexualmente activas, una citología ginecológica anual. Para las mujeres de más de 30 años de edad, una citología ginecológica cada 3 años si las citologías anteriores han sido correctas.

 

La séptima prueba para los hombres de más de 50 años de edad consta cada año de un análisis del PSA de la sangre y de un tacto rectal para diagnosticar precozmente un tumor de próstata; pero no son concluyentes y por lo tanto no se recomienda hacerlo: es cada paciente quien debe decidirlo, después de conocer las ventajas y los inconvenientes; si hay sospecha de un posible tumor, hay que hacer una biopsia.

 

La octava prueba es la tomografía computerizada. No comporta molestias pero sólo se recomienda en pacientes de riesgo medio o alto.

 

La novena prueba es la de esfuerzo que se recomienda sólo a hombres de más de 45 años y mujeres de más de 55 años que comiencen a practicar deporte después de una vida sedentaria durante años.

 

La décima prueba es la medida de las pulsaciones por minuto del corazón. La gran mayoría de las palpitaciones es completamente benigna. Excepto casos extremos, no hay relación entre el hecho de que el pulso sea más o menos rápido y el riesgo cardiovascular. No es importante si el corazón tarda más o menos en recuperar el ritmo normal después de hacer un esfuerzo. No son importantes las palpitaciones en las que uno nota, de veces, que el corazón late muy fuerte. Tener menos de 50 pulsaciones por minuto en una persona de más de 60 años puede provocar desmayos y la sensación de caer, y puede justificar la implantación de un marcapasos. Conviene ir al médico si un pulso rápido se prolonga o si las palpitaciones son acompañadas de sensación de falta de aire o de mareos.

 

 

4. Por qué es tan difícil mantener el peso ideal.

 

Durante cientos de miles de años de evolución de los humanos, la comida era escasa y el riesgo de morir por falta de alimento era elevado. Por esto hemos heredado de nuestros antepasados un cuerpo bien adaptado a la escasez de alimentos pero mal adaptado a la situación de opulencia actual en nuestro país. Esto nos lleva a comer más del que necesitamos y a alimentos diferentes de los que nos convienen. Además, hemos heredado un cuerpo mal adaptado a la vida sedentaria.

 

 Hay personas a las que les es fácil mantenerse delgadas a pesar de comer mucho, mientras que otras tienden a ganar peso a pesar de comer poco. No se sabe bien como funcionan los mecanismos que regulan el peso corporal.

 

Si se desayuna poco, no hay ningún problema en seguir desayunando poco; si se desayuna fuerte, tampoco hay ningún problema. Si se tiene sobrepeso, un desayuno fuerte no le ayudará a perder peso. Tan peligroso es una comida rápida como una comida demasiado lenta; se puede comer perfectamente en una hora; está muy bien quedarse a gozar de una sobremesa, si no se acompaña de una segunda ración de postres, de una copa de brandy o de más calorías. Las personas que en poco tiempo ganan mucho peso, acostumbran no a comer a horas fijas.

 

El estrés induce a mucha gente a emplear la comida como automedicación sedante. Si se siente estrés, es aconsejable hacer alguna actividad física; si se hace antes de comer, induce a comer menos.

 

 

5. Como perder peso y no volverlo a ganar.

 

Dietas que proponen estrategias totalmente diferentes por perder peso acaban teniendo resultados muy semejantes. La perseverancia de seguir una dieta es más importante que la clase de dieta. Para perder peso, no hay nada más eficaz que perderlo poco a poco; no más de 2 kilogramos por mes. No es preciso contar las calorías con calculadora. Es fácil motivarse durante un mes para perder peso antes del verano, pero estar motivado durante un o dos años perdiendo peso poco a poco (que es el que da más buenos resultados) es más difícil.

 

Tomar fármacos para adelgazar está restringido a pacientes muy concretos y bajo supervisión médica.

 

Se pueden pedir dos primeros platos, en lugar de un primero y un segundo, al ir al restaurante.

 

Se puede no acabar todo el que hay en el plato en el restaurante (en contra de la idea que, como que lo cobrarán, vale más acabarlo) o pedir al camarero sólo la mitad.

 

Se puede reducir el consumo de alcohol.

 

Reducir las grasas animales es útil para rebajar el colesterol, más que para rebajar peso. Para adelgazar, lo que importa es reducir las cantidades de alimentos que se toman.

 

Si se recortan las grasas drásticamente, lo que se acaba haciendo es aumentar la ingestión de carbohidratos, con lo que se puede aumentar el peso.

 

Si se recortan los carbohidratos drásticamente, quizá se pierde peso; pero entonces el cuerpo quema proteínas en lugar de carbohidratos, es decir, quema lo que no debe arder.

 

No es aconsejable calcular con precisión el número de calorías que se ingieren. Es un cálculo complicado y tiene un margen de error tan grande que sólo sirve para obsesionarse con lo que se come.

 

La mejor receta para adelgazar es estar motivado; si no se está motivado, no se logrará ni con sentido común ni con dietas drásticas.

 

Combinar dieta y actividad física logra mantener la pérdida de peso a largo plazo mucho más fácilmente que sólo con dieta. No se sabe por qué pasa esto, ya que las calorías que se queman con la actividad física no son suficientes para explicar los resultados.

 

Si se pasa una temporada difícil, a menudo se gana peso; pero si se tiene claro que la salud es prioritaria, se volverá a perder peso al recuperar la calma.

 

 

6. Colesterol.

 

Cada una de las miles de células del cuerpo humano necesita colesterol para construirse la membrana. El cuerpo humano fabrica el 80 % del colesterol; el 20 % proviene de los alimentos que se comen.

 

Para bajar el colesterol, hay que comer menos alimentos con grasas saturadas como los de la carne de bovino o los productos lácteos elaborados con leche entera. Pero entonces no sólo se reduce el colesterol malo LDL sino también el colesterol bueno HDL. Para mantener un buen nivel de colesterol HDL, hay que tomar grasas como la del aceite de oliva, las almendras, los pistachos, las nueces, las avellanas, las nueces de macadamia y los pescados grasos como el salmón y la sardina.

 

Eliminar grasas y sustituirlas por carbohidratos reduce sobre todo el colesterol bueno HDL y aumenta el riesgo cardiovascular.

 

Cuanto menos colesterol se toma, más sintetiza el cuerpo humano; por lo tanto tomar medidas drásticas en la dieta sólo son justificables en casos excepcionales. Una vez por semana, se puede comer lo que venga a gusto, sin restricciones, huevos incluidos.

 

Para aumentar el colesterol bueno HDL, es aconsejable adelgazar; hay que reducir las calorías de las grasas saturadas, de los carbohidratos (sobre todo los azúcares) y del alcohol. No obstante, lo mejor es practicar actividad física. Más que la intensidad del ejercicio, lo que cuenta es la frecuencia y durante cuánto rato se practica. Conviene hacer un mínimo de 3 sesiones por semana, y de por lo menos 30 minutos cada una para lograr un beneficio apreciable; y si son 5 sesiones, aún mejor. Parece que son mejor 5 sesiones de 30 minutos que 3 de 1 hora.

 

Conviene añadir a la dieta suplementos de fibra y así potenciar la sensación de saciedad. Todo lo anterior se puede completar con fármacos.

 

En España, el 70 % de las personas de más de 65 años de edad tiene mal el colesterol. Cuando una persona descubre que tiene mal el colesterol, se puede decir que tiene suerte por saberlo porque puede tomar las medidas necesarias para no tener algún día un infarto.

 

 

7. Hipertensión.

 

En España, el 35 % de los adultos y el 66 % de las personas de más de 60 años de edad tienen la presión de la sangre demasiado alta.

 

La sal, al retener agua, incrementa el volumen de la sangre y eleva su presión; por eso se aconseja a las personas hipertensas que tomen poca sal.

 

En el cerebro, la presión de la sangre puede estropear pequeños vasos sanguíneos y causar lesiones que, de manera aislada, son poco importantes pero que, a lo largo de los años acaban llevando a la demencia senil.

 

La hipertensión obliga el corazón a hacer un sobreesfuerzo, lo cual puede acabar degenerando una insuficiencia cardíaca.

 

Una presión máxima de 14 o una mínima de 9 indican hipertensión y justifican cambios de estilo de vida, sobre todo en la dieta, y un tratamiento con fármacos. Una presión máxima de 12 a 14 o una mínima de 8 a 9 indican prehipertensión; es decir que habrá hipertensión en el futuro, excepto que se mejore la dieta, se reduzca peso y se practique actividad física; pero no son necesarios fármacos. Una presión máxima por debajo de 12 junto a una presión mínima por debajo de 8 es la deseable.

 

En el otro extremo, una presión demasiado baja puede producir que al levantarse, uno se maree; esto es típico que pase en verano, cuando el calor dilata los vasos sanguíneos o después de hacer una comida fuerte, cuando el aparato digestivo roba sangre al cerebro. Si no se tienen desvanecimientos o caídas, suele ser suficiente tomar líquidos en abundancia y añadir algo más de sal a la dieta.

 

Cuando uno se encuentra en una situación de estrés agudo, la presión tiende a subir, pero esto es transitorio y, en general, intrascendente. Sólo se habla de hipertensión si la presión se mantiene elevada de manera permanente.

 

Para asegurar un diagnóstico correcto, lo ideal es tomar la presión una vez al día (cada día a diferentes horas) durante 3 semanas; y, aún mejor, tomarla dos veces con 2 minutos de diferencia, descartar el primer resultado y quedarse el segundo. También es conveniente cuando el paciente comienza a tomar algún fármaco contra la hipertensión.

 

La dieta contra la hipertensión consiste al reducir el consumo de sal. Hay que tener en cuenta que el jamón dulce contiene a menudo más sal que el jamón serrano. Conviene evitar los alimentos procesados, leer las etiquetas de los alimentos y no poner el salero en la mesa. Pero para la mayoría de las personas hipertensas, las restricciones de sal, a pesar de ser aconsejables, tienen un impacto limitado; mucho más importante es reducir el peso. La dieta consiste en ser generosa en frutas, vegetales y productos lácteos desnatados, incluir cereales integrales, pollo, pescado y frutos secos, y ser restrictiva en grasas, carne roja, azúcares y alcohol; no se desaconseja que el hombre tome cada día hasta 2 copas de vino o 2 cervezas; no se desaconseja que la mujer tome cada día una copa de vino o una cerveza. El alcohol dilata los vasos sanguíneos más superficiales pero contrae las arterias más profundas.

 

La cafeína tiene una importancia muy menor que el alcohol; se pueden tomar uno o dos cafés al día, pero no 6.

 

La eficacia del ejercicio físico es paradójica porque la presión sube en el momento de hacerlo; pero después, la presión se estabiliza a un nivel más abajo.

 

Hay 3 clases de fármacos por completar la dieta: los diuréticos (que tienen el inconveniente de que algunos pacientes no los toleran bien porque los hacen orinar en frecuencia), los vasodilatadores (a pesar de que tienen el inconveniente de que a menudo llevan a fluctuaciones importantes de presión a lo largo del día) y los beta bloqueadores (que hacen latir el corazón más despacio).

 

 

8. Coagulación.

 

Los niveles de contaminación atmosférica elevados durante horas o días provocan más muertes por fallos cardiorrespiratorios.

 

Parece que la gripe y las grandes comilonas ricas en grasas animales y en azúcares (como los de Navidad) activan el sistema inmunitario lo cual provoca una inflamación de la pared interior de las arterias que puede llevar al infarto. Dicha inflamación se puede medir analizando la proteína C-reactiva (llamada CRP) en la sangre pero es un indicador imperfecto porque la inflamación puede ser debida incluso a un resfriado o a una lesión jugando a fútbol.

 

La gran eficacia de la aspirina en la prevención cardiovascular es debida a que previene la formación de coágulos en la sangre y probablemente también debida a que tiene una acción antiinflamatoria.

 

 

9. Vitaminas y minerales.

 

El cuerpo humano genera residuos entre los que destacan los radicales libres, los cuales generan reaccionas químicas de oxidación. Hay que ingerir una dieta de antioxidantes.

 

La vitamina E (que abunda en el aceite de oliva, el aceite de girasol, las almendras, las avellanas) es un antioxidante que ayuda a la prevención cardiovascular. La vitamina C es un antioxidante pero no está claro si ayuda a la prevención cardiovascular; abunda en las frutas, especialmente en las fresas, los kiwis y las naranjas; abunda en los vegetales, especialmente en el brécol, la col y la coliflor, aunque perdiendo la vitamina C si se hierven en agua (pero la conservan si la cocción es al vapor). Un tercer tipo de antioxidante es los caratenoides que abundan en la sandía, los pimientos, las zanahorias y los tomates rojos (aunque estén fritos).

 

Comer manzanas interfiere el paso del azúcar y del colesterol de los alimentos a la sangre, de manera que es útil contra la diabetes y el exceso de colesterol.

 

Conviene comer fibra, la cual se encuentra en las frutas, las verduras, las hortalizas, las legumbres (como los garbanzos y las lentejas) y los cereales integrales.

 

Se pueden tomar 10 gramos de chocolate negra (es decir, de alto contenido de cacao), pero conviene tomar menos calorías de algún otro alimento.

 

Es saludable tomar ajo, frutos secos y pescado.

 

La recomendación dietética más importante es tomar 5 racionas diarias de frutas, hortalizas y verdura variadas; cada pieza de fruta cuenta por una ración, una ensalada o unas verduras por acompañar un segundo plato cuenta por una ración, un plato entero de ensalada cuenta por dos raciones.

 

Los suplementos vitamínicos y antioxidantes no han demostrado tener ninguna eficacia en la prevención cardiovascular; tampoco se ha demostrado que sean seguros. Lo único que se recomienda tomar es ácido fólico (una vitamina que abunda en las espinacas, las judías verdes y los pimientos rojos) a las mujeres que tengan intención de quedarse embarazadas.

 

Puede ser interesante tomar suplementos minerales. La falta de potasio o de magnesio (abundantes en los vegetales y el pescado) comporta un mayor riesgo de arritmias cardíacas. Un déficit de hierro agrava el pronóstico en caso de angina de pecho o en caso de niños.

 

 

10. Grasas.

 

Un 30 % de las calorías que se toman deberían proceder de las grasas. Las grasas más adecuadas son el aceite de oliva, el aceite de soja, las almendras, los pistachos, las nueces, las avellanas, las nueces de macadamia, el bacalao, la caballa, el salmón, el atún, el boquerón, la sardina, los otros pescados azules y el pollo. Todos deberían tomar pescado un mínimo de 2 veces por semana; los enfermos cardiovasculares deberían tomar cada día (o un suplemento de hasta 0,85 gramos diarios de omega-3).

 

El aceite de girasol reduce el colesterol, pero tiene el inconveniente de reducir no sólo el colesterol malo LDL, sino el colesterol bueno HDL; el otro inconveniente es que es poco adecuado para cocinar, sobre todo para freír, porque el calor le convierte en poco saludable.

 

Conviene consumir menos carne roja. Cuando se le separa la grasa visible, queda aún aproximadamente la mitad. Conviene elegir carne magra, leche desnatada, yogures desnatados o requesón.

 

Las grasas más perjudiciales son las grasas trans (llamadas también grasas vegetales hidrogenadas en las etiquetas de algunos alimentos). Son abundantes en la pastelería industrial, algunas galletas, algunas magdalenas, en muchas cadenas de comida rápida, en platos fritos precocinados y en algunas margarinas. Se incluyen grasas trans porque son más baratas. En los Estados Unidos de América, los alimentos deben indicar obligatoriamente en el envase el contenido de grasas trans; en España no es obligatorio y se esconde bajo la etiqueta de grasas vegetales.

 

No se ha de reutilizar muchas veces el aceite de oliva al freír; entonces la sartén se llena de grasas malas si se cuece carne. Una alternativa saludable es no freír los alimentos, sino cocinarlos a la plancha (y no tomar el jugo resultante, sino aceite de oliva nuevo), hervirlos o cocerlos al horno. Hirviéndolos, se obtienen alimentos con muy poca grasa fáciles de digerir. Para no destruir tantas vitaminas de los vegetales, va bien cocinar al vapor.

 

 

11. Proteínas.

 

 Hay 22 aminoácidos diferentes que las células del cuerpo humano necesitan para fabricar los miles de proteínas del organismo. Hay 14 que el cuerpo humano puede sintetizar. Los 8 restantes son abundantes en alimentos de origen animal como la carne, el pescado, los huevos o la leche; excepto la soja, ningún vegetal tiene los 8. Por lo tanto, una dieta estrictamente vegetariana, sin huevos ni leche, puede llevar a la falta de algún aminoácido.

 

Una persona de 70 kilogramos no necesita más de 70 gramos diarios de proteínas. De estos 70 gramos, hay suficiente con que la mitad sea de origen animal. Si esta persona toma un bistec de 150 gramos (que contiene más de 100 gramos de agua y unos 30 gramos de proteínas) habrá consumido suficiente proteínas animales por cubrir las necesidades de casi todo el día.

 

En algunos pocos casos, demasiadas proteínas suponen una sobrecarga para los riñones, que deben eliminar el excedente de urea de la sangre. Demasiadas proteínas favorecen una pérdida de calcio de los huesos y aumentan el riesgo de osteoporosis. Pero el gran problema del exceso de proteínas casi nunca son las proteínas; el gran problema son las grasas de origen animal que las acompañan.

 

Todos los pescados llevan grasa buena. Pero el pescado azul lleva mucha más que el pescado blanco (como el lenguado o el bacalao). Para lograr el máximo beneficio cardiovascular, el pescado azul es preferible al pescado blanco, pero si el objetivo prioritario es evitar el sobrepeso, el pescado blanco es preferible porque tiene menos grasas. Por otra parte, conviene limitar el consumo de pescados muy grandes porque acumulan más sustancias tóxicas (como el mercurio o los compuestos organoclorados) que los pescados pequeños.

 

La carne roja abunda en hierro; por lo tanto, tomar carne de ternera una vez por semana es recomendable para personas propensas a sufrir anemia, especialmente para mujeres con menstruaciones abundantes. El consumo habitual de carne roja puede provocar cáncer colorrectal, uno de los más habituales en los países occidentales.

 

Las pechugas de pollo son más recomendables que las patas y las alas porque tienen menos grasa. La piel contiene todavía más grasa, por lo que se recomienda retirarla antes de comer. No conviene abusar del pollo frito de los restaurantes de comida rápida porque la grasa para freírlo es muy mala para las arterias.

 

La carne de cerdo, como costillas y lomo, ocupa un lugar intermedio entre bovino y aves; se puede consumir 2 veces por semana. Los embutidos contienen mucha más grasa; sólo si el cerdo se ha criado al aire libre comiendo bellotas (que no es lo habitual), las grasas son tan buenas como las del aceite de oliva. La normativa sanitaria está más adscrita a evitar intoxicaciones a corto plazo que a garantizar la salud a largo plazo.

 

También hay proteínas en otros alimentos de origen vegetal como las legumbres (la campeona es la soja, con 34 gramos de proteínas por cada 100 gramos de semilla seca) y los espaguetis (con 4 gramos una vez hervidos). Pero el cuerpo humano aprovecha peor las proteínas de origen vegetal que las de origen animal.

 

 

12. Carbohidratos.

 

La sacarosa (es decir, el azúcar común), la fructosa de la fruta y la lactosa de la leche son carbohidratos simples y sólo aportan energía al convertirse en la glucosa de la sangre. El pan, la pasta, las patatas y el arroz son carbohidratos complejos que aportan energía, fibra, vitaminas, minerales y proteínas; como que su digestión es más lenta que los carbohidratos simples, no aumentan tan súbitamente la glucosa de la sangre, el cual es positivo.

 

La fibra no aporta energía, sino que da sensación de saciedad que ayuda a limitar las calorías ingeridas y facilita el paso de los alimentos por el intestino.

 

Mientras que se aconseja tomar carbohidratos complejos cada día para proporcionar más de la mitad de las calorías de la dieta, hay que moderar los azúcares.

 

El pan y la pasta engordan no por ellos mismos, sino por las salsas, los embutidos o los quesos que los acompañan. Se puede aliñar la pasta con aceite de oliva y condimentarla con especias.

 

El pan blanco y las patatas hacen subir rápidamente la glucosa de la sangre, aunque no tanto como el azúcar. Para evitarlo se puede tomar pan integral, el cual tiene más fibra.

 

La segunda recomendación dietética es comer 360 gramos de cereales variados, incluyendo cereales integrales y arroz integral. La fibra que llevan es aún mejor que la de la fruta, la verdura y las hortalizas para la prevención cardiovascular. La tradición de considerar el plato de carne o de pescado como el más importante está desfasada; si se come un solo plato, suele ser preferible un plato con carbohidratos.

 

En los hogares con niños, anteponer los dulces a la fruta es negativo desde un punto de vista educativo, ya que no se enseña a apreciar la fruta como alimento básico en una dieta sana, sino verla como algo prescindible. Si se deja que los niños consuman golosinas diariamente (como hace aproximadamente la mitad de las familias españolas) difícilmente se enseñará a comer de manera conveniente.

 

Contrariamente a una idea muy tendida, los dulces no tienen un impacto directo sobre el riesgo de desarrollar diabetes; tienen un impacto indirecto, ya que cuantas más calorías, más sobrepeso; y cuanto más sobrepeso, más riesgo de diabetes.

 

 

13. Alcohol.

 

Tomar 0,17 litros de vino de 12 grados por día (20 gramos de alcohol) para un hombre (la mitad para una mujer) reduce el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular y también reduce la mortalidad personas ya enfermas. El vino tinto tiene una potente acción anticoagulante como la aspirina, es un potente antiinflamatorio, incrementa el colesterol bueno HDL, contiene sustancias antioxidantes y puede ayudar a controlar la presión arterial.

 

De todas maneras, es probable que los efectos beneficiosos del alcohol varíen de una persona a otra, tal como sucede con la aspirina (que tiene gran utilidad para prevenir infartos a sólo un 25 % de las personas). Es un error creer que si cierta dosis de alcohol no sube a la cabeza, se puede tomar más. Además, no conviene que una persona con hipertensión no controlada tome alcohol.

 

La recomendación final es que si uno no suele tomar alcohol, más vale que continúe igual; y si un toma una o dos copas al día, lo mejor que puede hacer es continuar igual.

 

 

14. Tabaco.

 

Lo mejor para dejar de fumar es tener un infarto. Pocas personas logran dejar de fumar al primer intento. Más de la mitad de los que lo intentan recaen antes de un año. Pero una persona que recaiga no lo debe ver como un fracaso porque tiene más probabilidades de dejarlo que otra que no lo haya intentado nunca.

 

Se dan casos de personas a quien se diagnostica cáncer de pulmón años después de haber dejado de fumar, porque en el momento en el que lo hicieron, el proceso del cáncer ya se había iniciado.

 

Tan malo es fumar cigarrillos normales como cigarrillos bajos en nicotina, cigarros o tabaco de pipa.

 

El embarazo es un de los mejores momentos que se pueden elegir para dejar de fumar, porque muchas futuras madres están dispuestas a hacer por los hijos un sacrificio que no harían para ellas.

 

Si se pasa una etapa difícil, lo más probable es que no se aguante muchos días sin fumar; entonces vale más esperar a que las perspectivas sean más buenas. Para dejar de fumar, lo mejor es el asesoramiento psicológico conjuntamente con tratamiento farmacológico. La acupuntura es útil para personas que creen que funciona. Dejar de fumar de golpe funciona mejor en personas motivadas y que tienen fuerza de voluntad; si éste no es el caso, lo mejor es salir de casa con el número exacto de cigarrillos a fumar a lo largo del día y coger uno menos cada semana.

 

Para dejar de fumar, suele ayudar tener el apoyo de alguna persona próxima; pero no basado amenazas (“si no dejas de fumar, te cogerá alguna cosa”) ni en recriminaciones (“haces mal de volver a fumar, ahora que habías logrado dejarlo”), sino basado en actitudes positivas (“prefiero que no fumes porque me importa tu salud”).

 

Es habitual ganar 3 o 4 kilogramos al abandonar el tabaco. Pero hay que olvidar por un momento todo lo dicho anteriormente acerca del sobrepeso. Estos kilogramos son la mejor inversión que puede hacer un fumador para su salud.

 

La mayoría de fumadores logra dejar el tabaco a los 3 primeros intentos. El exfumador capaz de fumar un solo cigarrillo y no regresar a la adicción es excepcional.

 

 

15. Actividad física.

 

Los primeros humanos hacían una vida nómada con mucha actividad física. Pero desde hace 100 años, con el automóvil, el ascensor, el interruptor de la luz, la calefacción (ahorrando ir a buscar leña y encender la hoguera) y posteriormente el mando a distancia del televisor, los humanos han llegado a un sedentarismo por el que no están preparados.

 

La práctica de la actividad física alarga la esperanza de vida, reduce el riesgo de Alzheimer, de cáncer de mama, de cáncer colorrectal, de osteoporosis; favorece el equilibrio (haciendo que las personas grandes eviten caídas); favorece el rendimiento intelectual; y, lo más importante: estimula a responsabilizarse de la propia salud (quien está motivado para hacer ejercicio se motiva para evitar el sobrepeso, para dejar de fumar, para vigilar el colesterol, etcétera).

 

Comenzar a hacer actividad física resulta pronto gratificante porque se tarda poco en comenzar a encontrarse mejor.

 

Una intensidad de la actividad física moderada mucho rato es mejor para la salud que una actividad física intensa poco rato. Lo más importante es tener la sensación subjetiva de cansarse, al hacer la actividad física; si uno se cansa en seguida, obtiene grandes beneficios sin tener que hacer actividades que le parezcan sobrehumanas.

 

Más importante que la intensidad de la actividad física es la duración y la frecuencia. Conviene hacer 30 minutos de actividad física moderada por lo menos 4 veces por semana. No es preciso hacerlo en una sola sesión. Cuenta fregar el suelo, limpiar el coche, caminar a paso rápido hasta la parada del metro, y subir dos pisos a pie por la escala. No es tan beneficioso acumular estos minutos de actividad física en sábado y domingo. Si hace años que uno tiene una vida sedentaria, debería comenzar con una actividad moderada antes de probar gradualmente una de fuerte.

 

Muchas personas dicen que no tienen tiempo para practicar actividades físicas, pero todo el mundo encuentra tiempo por hacer lo que le importa. Una bicicleta estática en casa facilita la vida familiar o mirar la televisión. La actividad física es aún más saludable en personas mayores que en jóvenes; si se tiene problemas de movilidad de las piernas, se puede ejercitar el tronco y los brazos. Permanecer inactivo no alivia un dolor crónico y lo puede empeorar.

 

La actividad física al mediodía antes de comer tiene la ventaja de reducir el hambre; y hacerlo siempre a la misma hora ayuda a no abandonar.

 

Si uno se lesiona, es preferible hacer reposo; si las molestias no se resuelven con el reposo, conviene consultar un médico. Si la recuperación es larga, lo mejor es buscar una actividad física alternativa que no moleste. Si se corre, hay que emplear un calzado que absorba la energía de cada paso y hacer estiramientos antes y después de correr. Si uno se aburre caminando, puede emplear auriculares para oír música; también puede variar la actividad física. Conviene que guste la actividad física elegida, para no abandonarla.

 

 

16. Estrés.

 

El estrés sólo puede causar una enfermedad cardiovascular si se acompaña de colesterol elevado, diabetes, tabaquismo o hipertensión. El estrés es una reacción natural en todos los animales; por ejemplo, escaparse de un peligro o enfrentarlo; si este mecanismo de supervivencia hubiese fallado una sola vez en uno solo de nuestros antepasados en los últimos 500 millones de años, hoy no existiríamos. No se trata de suprimir el estrés, sino de controlarlo.

 

Hay estrés agudo y estrés crónico. El estrés agudo, como un ataque de ira o cuando se perdemos los nervios al volante del coche, acostumbra a durar sólo unos segundos o unos minutos; en personas que tienen el corazón y las arterias deterioradas esto puede ser fatal; en personas con buena salud, esto no parece tener ningún efecto negativo importante a la salud (pero puede tener un efecto negativo en las relaciones personales). El estrés provocado por un divorcio o la muerte de un familiar puede durar unos días o unas semanas; en personas que tienen el corazón y las arterias deterioradas eso puede desencadenar un infarto.

 

Lo peor es el estrés crónico, de insatisfacción permanente (por ejemplo, por problemas de trabajo o con la familia) que lleva a comer más y peor, fumar más, beber más alcohol y vigilarse menos; por lo tanto, predispone a sufrir un infarto.

 

En el estrés, en lugar de poder decidir lo que se quiere hacer, el entorno decide por uno. En el origen de la mayoría de los casos de estrés crónico, confluyen a menudo la falta de tiempo y el exceso de ambiciones; si no se tiene tiempo de hacer todo aquello que se quiere hacer, y se quiere hacer más de lo que se puede, es inevitable sentirse desbordado.

 

El estrés genera más estrés. Puede pasar, por ejemplo, que el estrés haga dormir mal, lo cual hace levantarse cansado; eso genera sentirse más fácilmente desbordado y más estrés. Si, además, se toma mucha cafeína para combatir la somnolencia y se mantiene el ritmo de trabajo, se acaba durmiendo peor y se necesita más cafeína, formando un círculo vicioso. Por lo tanto, es importante tener al lado alguna persona en quien confiar, a quien se haga caso y que pueda advertir y ayudar si se cree que uno se encamina hacia la fatalidad. Son síntomas de estrés crónico incipiente: morderse las uñas, apretar los dientes, tener sensación de cansancio, dolores de cabeza, molestias digestivas, insomnio, mal humor, ansiedad, pesimismo, sentimientos de incomprensión, ganas de romper con todo.

 

No resuelve el estrés crónico automedicar-se con alcohol o tomar fármacos tranquilizantes; ambos son adictivos. Tampoco lo resuelve hacer una pausa para interrumpir una actividad estresante. Lo que funciona son las técnicas de relajación (por ejemplo, respirar de manera lenta y profunda hinchando el abdomen), la actividad física y pensar (no en el problema estresante). Descansar solamente es útil si el estrés va acompañado de agotamiento físico.

 

El mundo está exageradamente acelerado y no deja tiempo para pensar cuales son los objetivos propios y como conseguirlos. Conviene vivir sin tantas prisas y recuperar la capacidad de decidir qué se quiere hacer con el tiempo disponible.

 

 

17. Emociones.

 

El cerebro influye de manera decisiva en la evolución de algunas enfermedades. Las emociones positivas de la vida en pareja tienen algún efecto beneficioso sobre la salud. Los estados de ánimo negativos llevan a descuidar la salud.

 

La medicina se ha dedicado desde los inicios a investigar como curar enfermedades, pero no a investigar como conservar la salud; más esfuerzos a investigar la depresión que a investigar la felicidad.

 

Las personas enfermas acostumbran a reír poco, pero no está demostrado que si uno ríe mucho no se pondrá enfermo.

 

Si una persona vive sola y triste, es aconsejable que compre un animal de compañía, como un loro o un perro cocker (que expresa emociones); y si no le gustan los animales, es aconsejable que compre plantas.

 

Si uno no gana ni para cubrir las necesidades básicas, es fácil ser infeliz. Pero a partir del momento en que se gana bastante para tirar adelante, entonces tener un coche más nuevo, una casa más grande o unos zapatos más caros no hace sentirse más feliz. Conviene gozar de lo que uno hace, saber que uno hace lo que ha de hacer y dar a la sociedad todo lo que uno puede.

 

 

18. Sexo, drogas y corazón.

 

Mantener relaciones sexuales no eleva el riesgo de infarto; el esfuerzo que se hace es equivalente a subir sólo dos pisos por la escalera y no cuenta como actividad física para favorecer el corazón. Excepto casos excepcionales, como personas que han sufrido un infarto a las últimas 4 semanas, todos pueden practicar relaciones sexuales de manera segura.

 

Por otra parte, una mala salud cardiovascular puede tener efectos muy negativos en la actividad sexual. En hombres, sobre todo, la arteriosclerosis deteriora los vasos sanguíneos del pene que son imprescindibles para mantener una erección. Por consiguiente, el colesterol, la hipertensión, la diabetes y el tabaquismo son boletos de la lotería de la impotencia. Una buena irrigación sanguínea de la zona genital también es importante en las mujeres para gozar de una vida sexual llena, sin llegar a ser tan determinante como en los hombres. Si se quiere tomar el fármaco Viagra, hay que consultar al médico.

 

La cocaína tiene un efecto vasoconstrictor extraordinario y puede malograr las arterias hasta llegar al infarto en un solo día.

 

De 6 a 12 horas de la mañana, el riesgo de infarto es triple, con un riesgo máximo a primera hora. De 18 a 24 horas, se duplica. El riesgo es aproximadamente el mismo haga frío o calor, llueva o no, la presión atmosférica sea alta o baja. Pero hay pacientes cardíacos que si pasan bruscamente del calor al frío, tienen dolores terribles al contraérseles las arterias coronarias.  Al revés, hay pacientes cardíacos que toman fármacos contra la hipertensión que se desmayan al pasar bruscamente del frío al calor. Una cosa semejante pasa con los cambios bruscos de presión atmosférica; por ejemplo, subiendo a un teleférico de montaña.  Ha habido pacientes cardíacos que, llegando bruscamente a la altura de 2.200 metros de la Ciudad de México, han sufrido un edema pulmonar, es decir, una acumulación de sangre en los pulmones. Hacer sauna no se recomienda a los pacientes cardíacos.

 

 

19. Infarto.

 

Nadie debe tener miedo de hacer el ridículo si va a urgencias y después no tiene nada. Otras personas con los mismos síntomas han muerto por no ir a urgencias.

 

Una vez tratado el infarto y salvada la vida de un paciente, no es extraño que éste se sienta desmoronado. Es el desconcierto de la persona que se sentía invulnerable, que interpretaba un personaje fuerte y dominante, y que de súbito se siente frágil. En cambio, las mujeres suelen tener más fortaleza emocional al sobrevivir después de un infarto.

 

Los primeros minutos a partir del momento en el que se inician los síntomas del infarto son vitales. Si se llega rápidamente al hospital, la probabilidad de sobrevivir es del 95 %. El 75 % de las muertes se producen en la primera hora de inicio de los síntomas.  Hay un 10 % de personas a las que el infarto llega sin ningún aviso previo y sin tener ningún factor de riesgo conocido.

 

No hay ningún síntoma inequívoco del infarto. El más típico es el dolor en el centro del pecho, como si alguien estuviese aplastando el tórax. A veces, el dolor irradia a los brazos (generalmente a la izquierda), a la boca del estómago, al hombro o a la mandíbula. No ha de ser necesariamente un mal excesivamente intenso. En un 25 % de los casos, no hay dolor. También se pueden tener sensaciones de náusea, vértigo, debilidad, sudores fríos, palidez, color amoratado (sobretodo alrededor de los labios), sensación de ahogo o sensación de que el corazón no late correctamente.

 

Si un dolor es como un pinchazo y desaparece o si hace daño al presionar el punto donde se siente el dolor, éste no es de origen coronario y no es preciso ir a urgencias. Pero si el dolor dura uno o dos minutos, se va y después regresa, probablemente se trata de una angina de pecho inestable y se debe  ir a urgencias.

 

La mayoría de los pacientes que llegan al hospital con el infarto declaran que habían sentido los días anteriores dolores intermitentes leves en el pecho; otros declaran que se habían sentido indispuestos el día anterior o algunas horas antes, con sensación de náusea o indigestión.

 

Para los casos en los que ya se ha producido el infarto y la señal eléctrica que regula los latidos cardíacos se desregula, lo mejor que se puede hacer para salvar el mayor número de pacientes es tener una gran cantidad de desfibriladores distribuidos en centros comerciales, recintos deportivos, locales de ocio, estaciones, aeropuertos e incluso dentro de los trenes y de los aviones, y enseñar a la gente como se deben utilizar.  Hay pacientes con riesgo elevado de infarto que tienen un desfibrilador en casa.

 

Lo primero que se hace cuando un paciente ingresa de urgencias con una sospecha de infarto es hacerle un electrocardiograma y darle un comprimido de nitroglicerina bajo la lengua; después, una dosis de aspirina.

 

Después de un infarto, un tercio de los pacientes tiene una actitud positiva y toma la decisión de cambiar a una vida sana. Otro tercio tiene una actitud pesimista y se deprime. El otro tercio tiene una actitud de miedo de tener un nuevo infarto y no osa hacer una vida normal: conducir, reemprender las relaciones sexuales, marchar de vacaciones a otro país; estas limitaciones son innecesarias y contraproducentes.

 

Los familiares del que ha tenido un infarto no deben tener la actitud “ahora me dedicaré a cocinar como tú necesitas” que conduce a obsesión en el comer y a reproches o sentimientos de culpa por asuntos sin importancia como un día tomar un entrecot en lugar de un lenguado a la plancha. Tampoco es buena la actitud “yo ya te lo dije y no me hiciste caso” porque quien sufre un infarto suele tener un gran sentimiento de culpabilidad por todo lo que ha hecho mal con la salud y lo último que deben hacer los familiares es recriminarlo en lugar de darle apoyo. Tampoco conviene que los familiares se obsesionen por su comportamiento, por lo que come o por si ha tomado la medicación, ya que eso no la ayuda a superar la propia ansiedad. Lo que deben hacer los familiares es cooperar porque reemprenda una vida normal.

 

El 80 % de los que han tenido un infarto no recaen en los siguientes 10 años. De todas maneras, hay que seguir las recomendaciones del médico y tomar los fármacos recetados.

 

 

20. Enfermedades vasculares.

 

El ictus es un accidente en el que una arteria del cerebro se obstruye o se rompe. Antes se llamaba ataque de embolia o apoplejía. Los síntomas pueden ser que el paciente trata de hablar pero no se le entiende, o no entiende lo que le dicen, o se le tuerce media cara, o le queda inmóvil una parte del cuerpo, o se queda sin fuerza en una mano, o deja de ver con claridad por un ojo, o se queda sin fuerza para aguantarse derecho. Se debe ir a urgencias al hospital aún más aprisa que en caso de infarto.

 

La enfermedad arterial periférica (EAP) tiene el síntoma de dolor en los muslos o en las pantorrillas al andar; y la presión de la sangre en el brazo es un 10 % mayor que la presión en la pierna.

 

El neurisma de aorta es un ensanchamiento, como un globo, de la aorta en un punto donde la pared es más débil. En el 70 % de los casos, el paciente no siente dolor. La enfermedad se suele detectar por casualidad cuando se examina el abdomen con una técnica de imagen para diagnosticar alguna otra afección. Por lo tanto, es aconsejable palpar el abdomen de los pacientes con hipertensión.

 

La angina de pecho crónica tiene los síntomas de dolor opresivo al centro del tórax y que se puede extender, igual que el infarto, a todo el pecho, a los brazos (en general a la izquierda), al cuello, a la mandíbula, al hombro y a la boca del estómago; sin embargo, a diferencia del dolor agudo del infarto, el dolor aparece en situaciones de esfuerzo físico o estrés emocional, y remite con el descanso o la calma. Pocas veces es una urgencia.

 

Las válvulas del corazón pueden estar demasiado abiertas o demasiado cerradas; entonces, al paciente le cuesta respirar cuando hace algún esfuerzo. Las enfermedades valvulares pocas veces llegan a ser críticas.

 

La insuficiencia cardíaca tiene los síntomas de falta de aliento o de cansancio por esfuerzos pequeños.

 

Las arritmias son alteraciones en el ritmo de las contracciones del corazón; puede ser un pulso demasiado rápido (taquicardia), un pulso demasiado lento (braquicardia) o un pulso irregular y rápido. La mayoría de los casos son benignos y prácticamente todos tienen tratamiento, si se diagnostican a tiempo.

 

Las varices son venas de las piernas visibles y a veces dolorosas. Comportan el riesgo de tromboflebitis y de trombosis venosa profunda.

 

La tromboflebitis es la formación de un coágulo en la pared de una vena. Si la vena es superficial, la zona está inflamada y enrojecida, y resulta doloroso tocarla. La mayoría de estos casos superficiales son intrascendentes y basta con ir al médico si el síntoma dura más de 3 días o es muy doloroso.

 

La trombosis venosa profunda es difícil de detectar y comporta el riesgo de embolia pulmonar. El síntoma puede ser de sensación de ahogo. Puede pasar en personas que pasan muchos días en la cama, y personas que han hecho un viaje largo en avión. La prevención se basa en estimular la circulación de la sangre a las piernas evitando estar mucho rato derecho sin caminar, mover las piernas cada 2 horas cuando se viaja en avión o cuando se pasa mucho rato sentado y, para personas que tienen varices o que permanecen de pie o sentadas sin moverse varias horas al día, llevar calcetines elásticos hasta las rodillas.

 

 

21. Longevidad.

 

Es probable que haya un límite biológico a longevidad humana. Pero si se estuviese acercando al límite, el aumento de la esperanza de vida debería estar frenando. Y no se frena: en los últimos 30 años, la vida media se ha prolongado más de 6 años, al mismo ritmo que en los últimos 100 años anteriores. La esperanza de vida a mitad del siglo 21 puede llegar a 100 años. No obstante, lo más importante no es vivir muchos años, sino vivirlos bien.

 

A la espera de que las investigaciones aclaren por qué envejecemos, lo mejor que se puede hacer es mantenerse activo tanto físicamente como intelectualmente (por ejemplo, leer, jugar al ajedrez, resolver crucigramas).

 

Aparece el problema de cómo se puede mantener una sociedad en que la población no activa aumenta sin parar. Hay que ofrecer a los ciudadanos la oportunidad de contribuir a la sociedad más allá de los 65 años de la actual edad de jubilación. Una opción sería retrasar la edad de jubilación de 65 años. Otra opción alternativa, o complementaria sería que los ciudadanos se pudiesen integrar en servicios de asistencia social después de jubilarse; esto ya lo hacen los abuelos que tienen cuidado de los nietos mientras los padres trabajan. Si no se encontrase solución al problema, existirían tratamientos para salvar a personas enfermas, pero no existirían suficientes dinero para pagarlos.

 

Existe el riesgo de que los avances médicos de las próximas décadas encarezcan los tratamientos médicos y lleven además a una desigualdad entre países y dentro de los países occidentales. La paz pasa por erradicar la pobreza y las enfermedades infecciosas de los países pobres. Si no se hace por altruismo, convendría hacerlo por egoísmo; sino, las tensiones entre riqueza y pobreza crecerían y, en un mundo globalizado donde millones de personas tienen acceso a tecnologías destructivas, los resultados serían imprevisibles. La paz no es imposible ya que la tendencia a cooperar está dentro los nuestros genes.

 

 

22. Recordatorio que no sustituye leer todo el presente artículo.

 

1. Hacer ejercicio físico.

 

2. Vigilar la dieta y pesarse una vez por semana.

 

3. Hacerse medir la presión de la sangre.

 

4. Hacerse análisis de sangre completos.

                            

5. No fumar.

 

6. Para las mujeres, hacerse examinar las mamas y hacerse citologías. Para los hombres, hacerse examinar la próstata.

 

7. Ir al médico cuando sea necesario.

 

8. Releer este artículo de vez en cuando.

 

9. Para saber más: leer el libro “La ciencia de la salud. Mis consejos para una vida sana” escrito por el cardiólogo Valentí Fuster (director del Instituto Cardiovascular del Hospital Mount Sinai de Nueva-York, presidente del comité científico del Centro de Investigaciones Cardiovasculares español y presidente de la Federación Mundial del Corazón) en colaboración con el periodista Josep Corbella.

 

 

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