Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas.

 

 

        El libro con el título anterior ha sido escrito por Allan y Barbara Pease en 1999. Sigue a continuación un resumen.

 

        El objetivo del libro es ayudar a aprender más sobre el carácter de uno mismo y sobre el carácter de las personas del sexo opuesto para que las relaciones con aquellas sean más gratificantes, placenteras y satisfactorias. Los 2 escritores están casados entre sí, entrevistaron a especialistas, estudiaron libros y revistas con los últimos descubrimientos en paleontología, etnología, psicología y neurología (incluida la resonancia magnética de cerebros) (al final del libro hay 146 referencias bibliográficas), y emplearon 3 años en escribirlo.

 

        En la prehistoria, los hombres cazaban y protegían a la familia de animales salvajes y enemigos; los hombres fueron desarrollando su capacidad de orientación para poder localizar a sus presas y traerlas a casa. Las mujeres recolectaban, procreaban y criaban a la descendencia; las mujeres fueron desarrollando su capacidad de controlar los alrededores de la cueva a distancia corta, de percibir cualquier señal de peligro, de percibir el menor cambio de conducta o de apariencia de la descendencia o de los adultos, y de comunicarse con las otras mujeres del grupo. Como consecuencia de la diferencia de actividades, sus cerebros y el resto de sus cuerpos evolucionaron de la forma diferente que se describe a continuación.

 

        Actualmente, la mayoría de las mujeres tiene buena visión periférica (antes era para controlar que ningún depredador acechase la cueva); casi nunca se las pilla admirando el cuerpo de un hombre; tiene buena capacidad para integrar y descifrar señales verbales, visuales y de cualquier otro tipo; al entrar en una sala, su capacidad sensorial les permite identificar rápidamente las parejas que se llevan bien, aquellas que han tenido una discusión, quién está intentando algo con otra persona, quienes son las mujeres competitivas y quienes son las simpáticas. La mayoría de los hombres tiene poca visión periférica (antes era para evitar distraerse y poder concentrarse en seguir con la mirada la presa); al entrar en una sala, analizan las entradas y las salidas, buscan las caras que les resulten familiares o posibles enemigos y analizan todo lo que necesite reparación.

 

 

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